El juego con la comida

El tema del que hoy quiero escribir, es acerca de mi visita a la exposición interactiva „Das Spiel mit dem Essen“ que en español sería algo así como „El juego con la comida“. Es la segunda parte de tres exposiciones que se están realizando consecutivamente para responder a la pregunta: ¿Por qué se come en el mundo como se come?

Esta segunda parte se está presentando desde principios de este año y culmina a mediados de Noviembre, y está ubicada en una región a una hora de Viena. Cautiva el visitante sumergiéndolo desde la experiencia en el mundo de la alimentación con datos históricos, actuales y de lo que podría ser en el futuro. La exposición comienza, a través de un recorrido de la distribución mundial de alimentos, a través de los puertos más importantes del mundo, para entender la logística alrededor de los contenedores y las rutas marítimas.

¿Sabías que en Asia se encuentran los diez puertos mas grandes del mundo? ¿Qué el barco de carga mas grande del mundo le caben aproximadamente 21.413 contenedores? ¿Qué solo en un contenedor pueden caber un poco más de 7.000 paquetes de cornflakes?¿Y qué el transporte de alimentos, por medio de este transporte, es el que menos produce emisiones de CO2, a pesar de que un barco de carga, gasta hasta 9 toneladas de combustible por hora?

Del tema de los contenedores se pasa al de el empaque. Importante para asegurar que los productos lleguen al destino en condiciones óptimas. El origen de las latas como envases se remonta a la época de Napoleón Bonaparte, cuando Nicholas Appert desarrolló este concepto para hacer que los alimentos sean más duraderos y transportables. Hoy en día, el uso de plásticos como material de embalaje es un gran problema que se nos escapa de las manos. Somos una generación que produce grandes cantidades de residuos derivados justo de éstos materiales. Por ejemplo, la vida media de una bolsa de plástico es de solo unos 12 minutos.

La exposición describe el concepto y la historia del „supermercado de autoservicio„, que existe desde 1916, cuando el estadounidense Clarence Saund abrió el primer mercado de este tipo. Desde entonces, el concepto se ha convertido casi estándar en todo el mundo, y es lo que en la actualidad la mayoría de personas utiliza en las ciudades. En 1974, el 13.5% de los gastos de alimentación de una familia se gastaron en gastronomía (por ejemplo: visita al restaurante, a una pizzería), en 2015 ya era del 33.5%. Las estimaciones muestran que una persona pasa unos dos años de su vida haciendo compras. Sin embargo, el modelo tal como lo conocemos también está sujeto a grandes cambios. Amazon por ejemplo, quiere lanzar mini supermercados (Amazon Go), en el que no hay caja registradora. Los clientes se registran utilizando una aplicación de su teléfono inteligente y las cámaras registran automáticamente lo que el cliente saca de los estantes y coloca en el carrito de compras. Todos los productos seleccionados terminan en la factura sin tener que registrar todos los productos en una caja registradora. En Corea, hay supermercados virtuales en las estaciones de autobús o metro donde se pueden seleccionar productos en base a fotos colocadas en estantes. Con el teléfono inteligente se escanean los códigos de barras, el pago se realiza en línea y el pedido se entrega directamente a la vivienda del cliente. A su vez, una empresa sueca ofrece un supermercado móvil, que también puede funcionar a través de una aplicación.

Pero al lado de todo el boom tecnológico que comienza a aparecer en algunos sitios, existen muchos productores, que por medio de plataformas en Internet están haciendo posible que las personas que lo deseen se puedan inscribir, y recibir cada semana o solo algunas veces al mes una canasta con alimentos que sólo son producidos localmente y por temporada. También algunas empresas utilizan ya la posibilidad de recoger productos bio directamente desde el productor y transportarlos en bicicleta hasta el consumidor. Mientras una persona en Austria come una manzana neozelandesa que ha viajado 18.000 km para llegar al supermercado, esa misma persona puede consumir una manzana de una región de Austria que solo ha viajado 130 km.

En la actualidad donde tenemos en algunas regiones del planeta, tanta accesibilidad a diversos alimentos. También esta el hecho de la gran cantidad de alimentos que se desperdician. En Austria unas 157.000 toneladas de alimentos al año van a la basura. Y afortunadamente existen iniciativas como Foodscharing que están tratando de que estas cifras disminuyan. Algunas marcas de alimentos austriacos también están tratando de evitar el uso de aceite de palma debido a los masivos problemas ecológicos que está causando en los sitios donde se siembra la palma. Especialmente en Indonesia donde para sembrar la palma es necesario utilizar enormes superficies del bosque tropical que se convierten en una amenaza para el sustento de la población, genera trabajo infantil, además de ocasionar daño irreversible en la población de los orangutanes. Cada hora se destruye una superficie del tamaño de 146 canchas de fútbol en Indonesia.

Existen muchos sellos de calidad que tratan de orientar al consumidor acerca de la calidad del producto que se esta comprando. Sin embargo, el consumidor debe ser critico en cuanto a las normas de sostenibilidad que el producto realmente cumple. Por ejemplo el sello de calidad MSC (Marine Stewardship Council) que identifica productos procedentes del mar, de acuerdo a Greenpace, no cumplen los estándares de sostenibilidad, ya que las organizaciones de protección del medio ambiente sólo ven posible parar completamente la pesca del mar, para que pueda tener tiempo la población marina en recuperarse. Greenpace sugiere para Austria, el consumo de pescado ecológico producido en estanques ubicados en el país.

Al lado de la innovación que se está desarrollando en todos los aspectos de la alimentación, también están las cifras que nos hacen reflexionar acerca de muchos aspectos que suceden en el mundo. Cuando por ejemplo se constata que el precio del trigo, el arroz y la soja se ha triplicado entre 2005 y 2008. Y que mientras en los países desarrollados se otorga un 5% a un 10% para alimentación, en los países en vía de desarrollo es hasta un 60% del salario que se dedica a ello. También está la disparidad en cuanto al uso del agua, ya que 2,100 millones de personas, no disponen en su casa de ninguna fuente posible de agua para beber. Y que un 41% de la población mundial vive en las zonas mas áridas del planeta.

La exposición es una invitación a tomar consciencia de todo aquello que compramos, y exigir más transparencias a los productores. Conocer de donde viene lo que consumimos, y dar más prioridad a lo regional y de estación. Como una manera para apoyar el mercado local y beneficiar el medio ambiente.

Con lo que comes dejas tu huella en el planeta!

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